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Cala San Vicente

Cala San Vicente - Cala San Vicenç - Mallorca
Descripción

Cala San Vicente (o Cala Sant Vicenç) es un pequeño pueblo del norte de Mallorca, en el municipio de Pollensa, a medio camino entre Pollensa y Puerto de Pollensa. Tiene algo menos de 300 habitantes, aunque durante los meses de verano su población flotante se incrementa notablemente.

Este pequeño pueblo de pescadores se convirtió ya a comienzos del s.XX en uno de los puntos donde comenzó la incipiente industria turística de Mallorca. Su entorno natural, sus paisajes y su ambiente tranquilo atrajeron a viajeros de todo el mundo, y en particular un buen número de artistas que plasmaron en sus obras las sensaciones que les transmitía ese entorno.

La costa de Cala San Vicente está dividida en cuatro calas, cada una con sus peculiaridades, lo que lo convierte en un destino muy atractivo para el turismo moderno: Cala Barques, , Cala Clara, Cala Molins y Cala Carbó.

Pero además de sol y playa en su entorno se puede seguir disfrutando de parajes naturales de gran belleza, como el Cavall Bernat, o los montes cubiertos de pinares que llegan hasta el mar. Su entorno cuenta también una rica historia, que el visitante podrá descubrir visitando las cuevas de l’Alzinaret.

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Cómo llegar a Cala San Vicente

Abrir ruta en GPS

El acceso a Cala San Vicente es muy sencillo. Si nos encontramos en Palma o en la zona sur de Mallorca tomaremos la autopista central Ma-13, dejándola por la salida 40 en dirección a Pollensa. A continuación tomaremos la carretera Ma-2220 que rodea Pollensa y la seguiremos durante 1,5 Km, cuando llegaremos al cruce de Cala San Vicente. Giraremos a la izquierda para tomar la Ma-2203, y tras poco más de 3 Km llegaremos por fin a Cala San Vicente.

Si nos encontramos ya en la zona norte de la isla tomaremos la carretera Ma-12, que une Artá con Puerto de Pollensa, pasando por Can Picafort, Playa de Muro, y Puerto de Alcudia. Seguiremos las indicaciones para llegar a Alcudia donde enlazaremos con la Ma-2220 que nos conducirá hasta Puerto de Pollensa. En la rotonda saldremos por la tercera salida, para tomar la misma Ma-2220, hasta la rotonda del hidroavión. Allí tomaremos la cuarta salida para incorporarnos a la Ma-2200, en dirección a Pollensa. A los 3,6 Km llegaremos al cruce de Cala San Vicente, donde giraremos a la derecha.

Para llegar a Cala San Vicente en transporte público tenemos varias opciones según desde dónde empecemos nuestra excursión.

Desde Palma podemos tomar la línea 340, hasta Puerto de Pollensa, que tiene parada en Cala San Vicente. Si ya nos encontramos en el municipio de Pollensa, la línea que une Pollensa con el Puerto, la 345, también nos acerca a Cala San Vicente. En los meses de verano la línea 355 que conecta Can Picafort con Sa Calobra, y pasa por, entre otros sitios, Playa de Muro, Puerto de Alcudia, Alcudia y Pollensa, también hace parada en Cala San Vicente.

Este pequeño pueblo es también un popular destino cicloturístico. La mayoría de carreteras de la zona disponen de carriles-bici o son lo suficientemente buenas como para circular por ellas con cierta seguridad.

mapa Cala San Vicente

Actividades

Cala San Vicente es básicamente un destino turístico de verano. Las cuatro calas que forman en conjunto Cala San Vicente (Cala Barques, Cala Clara, Cala Molins y Cala Carbó) ofrecen diferentes experiencias para todos los gustos: playas de fina arena, playa de piedras y guijarros, y cala de rocas. Hay que tener en cuenta que no todas disponen de los mismos servicios.

Las aguas normalmente tranquilas de Cala San Vicente invitan a la práctica de deportes acuáticos como el paddle surf y el piragüismo. Si no disponemos del equipo necesario hay varias instalaciones donde podremos alquilarlo.

También podemos disfrutar de sus aguas cristalinas practicando el snorkel y descubriendo la fauna marina que se esconde en las rocas que rodean las calas o bajo sus fondos arenosos. Pero además de esa fauna marina los fondos de Cala San Vicente ocultan más pequeñas maravillas. Si somos aficionados al buceo podremos tratar de descubrir en estas aguas los restos de barcos hundidos de todas las épocas, desde los antiguos griegos hasta el siglo XX. Muchos marinos descubrieron demasiado tarde que estas calas no son un buen refugio cuando sopla la tramontana, siendo sus barcos arrastrados contra las rocas.

Precisamente si el mar no acompaña podemos disfrutar de diversas actividades en tierra. Una ruta senderista muy sencilla es la que recorre el llamado Camí dels Presos, llamado así porque fue construido por presos durante la guerra civil para instalar piezas de artillería de costa. También se le llama de les Coves Blanques, por las cuevas excavadas al final del mismo que debían ser almacenes de munición, aunque no llegaron a usarse nunca.

Una ruta de algo más de dificultad es la que nos lleva al Puig de Cornavaques. Finalmente, ya para senderistas que busquen un mayor reto, tenemos la ruta que recorre los cerros de Cornavaques, lÀguila y la Mola. Cuando realicemos cualquiera de estas rutas, o estemos tomando el sol en cualquiera de las calas, no perdamos de vista el cerro llamado Cavall Bernat, para ver si podemos descubrir el juego de luces y sombras que proyecta la silueta de un caballo en el acantilado.

Finalmente no podemos dejar de visitar la necrópolis de l’Alzinaret, probablemente el más espectacular hipogeo (cuevas artificiales) de toda Mallorca. Como hemos dicho estas cuevas se remontan al periodo pretalayótico (Edad de Bronce medio, 1600 aC). Son conocidas desde hace siglos y ya fueron saqueadas en tiempos inmemoriales. En tiempos modernos fueron estudiadas por primera vez a finales del siglo XIX, y más en detalle por el arqueólogo británico Wilfrid James Hemp ya entrado el siglo XX. El conjunto de cuevas que catalogó estaba formado por 15 estancias de las que ahora sólo quedan ocho.

El hipogeo está muy cerca de la entrada de Cala San Vicente, debemos tomar la primera calle a la derecha y luego a la izquierda. En una parcela sin urbanizar un megalito (colocado en tiempos recientes) nos indica la ubicación del conjunto de cuevas. Un panel algo gastado con un plano y el texto explicativo en varios idiomas nos será de gran ayuda para identificar las diferentes cuevas. Estas se hallan en diferentes estados de conservación. Contienen algunos elementos como hoyos u oquedades modernos, practicados por contrabandistas que utilizaron las cuevas para sus negocios o durante la guerra civil.

Volviendo a entretenimientos más mundanos, en Cala San Vicente podemos disfrutar de una amplia variedad de propuestas gastronómicas: cocina mallorquina, mediterránea, internacional, tapas… 

Por su pequeño tamaño Cala San Vicente no es un buen lugar para compras más allá de las necesarias para el día a día, pero en la cercana Pollensa sí contamos con un buen número de tiendas de artesanía. Los domingos hay un mercado tradicional, mientras que en Puerto de Pollensa se celebra los miércoles.

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Alojamiento

Aunque Cala San Vicente se ha mantenido al margen del turismo masificado cuenta con una importante y variada oferta de alojamientos. Por una parte tenemos hoteles de 2, 4 y 5 estrellas, para adaptar la estancia a todos los presupuestos. También hay una buena oferta de apartamentos turísticos, chalets y villas.

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Historia de Cala San Vicente

Prehistoria

El entorno de Cala San Vicente fue poblado desde muy antiguo, al menos desde la época pretalayótica (Edad de Bronce medio), como atestigua la necrópolis de s’Alzinaret, datada alrededor del año 1600 aC.

Es probable que el poblamiento humano fuese prácticamente ininterrumpido en la zona durante siglos. En los alrededores se han hallado restos de la época talayótica. En la cercana zona de cala Bóquer se fundó la ciudad de Bocchoris aproximadamente en el 1400 aC, que sobrevivió hasta la época romana, siendo ciudad federada al menos hasta el siglo I.

Esta ciudad de Bocchoris fue menguando en los siglos siguientes, en parte por el auge de la cercana Pollentia (en la actual Alcudia), y en parte por la dispersión de la población en pequeños núcleos rurales. Esta dispersión se acentuó con la destrucción de Pollentia por los vándalos, y las siguientes ocupaciones por parte de estos mismos, luego por los bizantinos, y finalmente por los musulmanes. Aparece documentado que en época islámica en la zona de la actual Cala San Vicente existía una alquería.

Edad Media

En el Llibre del Repartiment de 1232, que refleja el reparto del territorio de Mallorca después de la conquista cristiana de 1229, aparece la citada Alcheria Sant Vincent, y que fue adjudicada a los templarios. En 1298 aparece citada como Alqueria Sant Vicens, y en 1302, como Alquerie Sto. Vicencio. Es en 1417 cuando aparece documentado por primera vez el topónimo de Cala de Sant Vicent al relatarse la llegada de cinco esclavos moros huidos de Barcelona y que desembarcaron en esta cala.

Según la tradición popular, el nombre de Cala San Vicente vendría del hecho de que el predicador y futuro santo valenciano Vicente Ferrer, habría desembarcado en Cala San Vicente durante su viaje a Mallorca en 1413. Sin embargo se sabe que realmente desembarcó en Palma y se desplazó por tierra al resto de pueblos que visitó, y además ya hemos visto que el nombre de San Vicente ya era usado siglos atrás. Lo más probable es que el topónimo venga de las palabras árabes sanad wizan (cuesta de enfrente), que haría referencia al relieve de la cala.

Debido a la actividad de piratas y corsarios muchos asentamientos costeros de Mallorca se abandonaron y la población se concentró en pueblos tierra adentro. Esto explica que en una isla la inmensa mayoría de grandes poblaciones estén alejadas del mar, y la zona de Pollensa no fue una excepción. Entre finales del siglo XIV y principios del XV Cala San Vicente llegó a estar despoblada, y está documentado que con frecuencia fondeaban en la cala corsarios turcos, que bajaban a tierra a aprovisionarse de agua de una fuente cercana y campaban a sus anchas por el encinar que rodea la misma.

A principios del siglo XV los habitantes de la zona financiaron y construyeron una torre de defensa. En 1434 aparece inventariada una Torre de Sant Vicent, pero su utilidad defensiva fue muy limitada. Eso sí, hay documentado un enfrentamiento de 1531, cuando 500 corsarios turcos desembarcaron en la zona. Avisada la milicia local desde la torre de San Vicente se tendió una emboscada a los moros, dejándoles pasar y cortando su retirada. Se dio muerte a unos 60 de estos incursores, dejando malheridos a muchos de los que lograron huir, y tomando varios prisioneros.

Sin embargo esta torre proporcionaba sólo una defensa muy precaria por lo que en 1571 se construyó otra en el lugar aún llamado hoy Punta de la Torre, que separa Cala Clara y Cala Molins. Esta torre ya estuvo artillada, llegando a contar con dos cañones, para evitar que los barcos corsarios ni siquiera intentasen acercarse al interior de la cala, mucho menos a desembarcar. Con el fin de la piratería en el Mediterráneo esta torre cayó en desuso, y terminó siendo demolida en 1952.

Edad Moderna

Durante todos estos siglos la principal función de Cala San Vicente fue la de ser un puerto de pescadores. De hecho en muchas cartas náuticas aparecía precisamente con esa denominación, Port Pescador. Sin embargo eso empieza a cambiar a principios del siglo XX. Aparece una incipiente industria turística de Mallorca, siendo la zona de Pollensa uno de los focos principales. Y en concreto en Cala San Vicente se inaugura la pensión Niu.

Esta pensión fue alojamiento precisamente de un importante número de reputados pintores de todo el mundo que seguían la estela de Santiago Rusiñol. Este pintor catalán ya había descubierto a finales del siglo XIX los magníficos paisajes de la sierra de Tramuntana. El también catalán Anglada Camarasa se refugió en Mallorca huyendo de la I Guerra Mundial desde su taller en París, siendo seguido por muchos de sus alumnos.

Otro insigne pintor que residió en Cala San Vicente fue el valenciano Joaquín Sorolla, el llamado “pintor de la luz”, y que supo plasmar como nadie la particular luz de las costas del Mediterráneo. En 1919 después de visitar Ibiza fue invitado por su discípulo Llorenç Cerdà a Cala San Vicente. Allí quedó impresionado por la particular iluminación de la cala hasta el punto de exclamar “¡esa luz, esa luz, es imposible pintarla!” mientras trabajaba en una de sus obras.

La crisis de los años 30 y sobre todo la guerra civil truncaron el progreso de esta nueva industria. Sin embargo Pollensa en general, y Cala San Vicente en particular, ya se habían hecho un hueco entre ciertas élites intelectuales europeas, y con el resurgir del turismo en los años 50, y sobre todo con el boom de los 60, el pueblo cambió definitivamente su carácter de pequeño enclave de pescadores por el de emplazamiento turístico de primer nivel, pero manteniendo cierta exclusividad, sin caer en los excesos de otras zonas de la isla, y en esa línea se ha mantenido desde entonces.